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De Chalupas a Cuetzalán: De turistas en Puebla, México

por Timothy Scott

Desde una de las ciudades más grandes de México a pueblos mágicos y remotos, el Estado de Puebla ofrece una gran variedad de experiencias de viaje.

Tour de Puebla, México

Puebla es una gran ciudad y también un gran Estado. Si viaja a cualquiera de los dos, no se encontrará con muchos turistas. Decidimos explorar aquello que los demás no estaban viendo, yendo de lo más intelectual a lo más popular de la ciudad capital y luego manejando entre las neblinas montañosas hacia el pueblo mágico de Cuetzalán.

La ciudad de Puebla ha ganado su fama de muchas maneras, la más tradicional fue a mediados del siglo XIX. Cuando los españoles fundaron la ciudad de Puebla, cayeron en la cuenta de que la arcilla existente en la región era de muy buena calidad y comenzaron a importar técnicas de alfarería desde un pueblo llamado Talavera de la Reina en España. Esta fue la primera ciudad en producir cerámicas finas en el nuevo mundo y eventualmente se hizo más famosa que la original. Es lo que ahora se conoce como Talavera.

Puebla ha conservado su corona como el mayor y mejor centro alfarero de América Latina. Está lleno de vajillas que son apreciadas por las familias de alto poder adquisitivo y los restaurantes mexicanos; sus platos y tazas llegaron a distintos rincones del mudo. Puede adquirir una variedad de productos en el mercado de artesanías El Parián en el centro histórico de Puebla. Los artículos más baratos y en serie se encuentran en el centro en tanto que las tiendas en la periferia poseen los artículos más artesanales y sofisticados, producidos con mucho tiempo y dedicación. Es posible comprar un set completo para ocho personas y encontrar todo lo necesario para realizar un banquete mexicano completo.

Si va a agasajar con una gran comida mexicana, puede considerar preparar el platillo más famoso de esta ciudad: el mole poblano. La palabra poblano tiene aquí un doble significado: se refiere al nativo de Puebla, incluyendo sus habitantes, pero es también el nombre del chile verde presente en tantas comidas mexicanas y muy apto para ser relleno.

Después de comer y comer en los restaurantes de Puebla, probando cemitas (sándwiches de pan de sésamo rellenos con aguacate), chalupas (que no tienen nada que ver con las de Taco Bell's) y pollo con mole de calabaza verde, mi familia y yo nos dirigimos a nuestra clase de cocina en el Hotel Boutique Mesones Sacristía que había sido arreglada por un tour a medida diseñado por la compañía Concierge Online. Allí aprendimos a cocinar al estilo Poblano.

mole poblano clase de cocina

Comenzamos con dos platos característicos que se comen en todo México de infinitas formas: salsa verde y salsa roja. Primero asamos tomates en mitades, tomatillos, cebollas, chiles y ajo en un comal, una superficie metálica lisa usada por los aztecas para dorar cosas sobre una llama, que ahora puede ser fabricada con hierro, acero o aluminio. Dado que no teníamos tanto tiempo como para combinar todos los ingredientes en un molcajete de lava volcánica, los mezclamos en una procesadora.

Mientras tanto, Lizbet nos explicaba en un inglés fluido cómo preparar cada ingrediente y los siguientes pasos en la confección de las salsas. Nos enseñó cómo los distintos chiles secos pueden impactar el sabor. Después de probar la salsa con totopos, continuamos con las chalupas, un platillo típico tanto en la comida callejera como en los menúes de restaurantes. Estas suaves tostadas con carne molida pueden ser muy difíciles de manipular si no están preparadas correctamente, pero con la ayuda experta de nuestra maestra quedaron perfectas.

Finalmente preparamos el mole, una receta más complicada que puede tomar días en algunas cocinas de las abuelas. El proceso involucra varios pasos y una larga lista de ingredientes: distintos tipos de chiles secos, tomates, plátanos, tortillas, chocolate, azúcar y cebollas. Una vez que esto hirvió lo suficiente, nos sentamos en la terraza de esta mansión de 300 años para disfrutar de nuestro mole poblano: la salsa que creamos bañaba un pollo asado.

El gran Centro Histórico de Puebla

Si bien es cierto que muchas ciudades de México poseen un centro histórico que data de la época colonial, pocas poseen uno tan majestuoso como el de Puebla. Nos cansamos un poquito tratando de recorrerlo a pie y a cada vuelta de esquina nos encontrábamos con una fachada majestuosa cubierta de azulejos. Supuestamente hay 70 iglesias históricas y más de 1,000 edificios coloniales en el centro, con un área de patrimonio reconocida por la UNESCO de 391 cuadras. Con sólo unos pocos días en la ciudad sólo pudimos recorrer un poquito de todo lo que tiene para ofrecer.

Visitamos el impresionante Palacio Municipal en la plaza principal, luego la catedral, de una longitud de una cuadra y construida a principios del siglo XVII. Durante un par de días paseamos por las iglesias barrocas adornadas de complejas molduras cubiertas con dorado a la hoja y museos que exhiben artesanías locales o muebles de época en los cuartos originales de mansiones. Vagamos por las calles para ver qué había y en otras ocasiones investigamos para encontrar gemas en nuestras gu&icaute;as turísticas que quizás estaban un poco más escondidas, como la Biblioteca Palafoxiana, de 1643.

Puebla de la nocheEl ecléctico Museo Amparo es lel más significativo de la ciudad. Posee artesanía precolombina, arte religioso, muebles, arte moderno y fotografías. El café en la azotea ofrece impresionantes vistas de los techos y los campanarios de la ciudad convirtiéndolo en un buen lugar para relajarse hasta continuar al próximo destino.

Luego de tanta actividad cultural y aprendizajes estábamos listos para el entretenimiento puro. Llegamos a la Arena Poblana para una experiencia mexicana diferente: lucha libre. Afuera las calles eran un hervidero y se vendían máscaras y comida. Dentro los vendedores pasaban por los pasillos vendiendo una variada selección de bebidas, alimentos y juguetes. No pudimos conseguir asientos a nivel del suelo donde los asistentes a veces son impactados por sillas voladoras o luchadores. En cambio, nos sentamos en un palco, detrás de una red.

(Continua...)

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